
Uno de los eventos que teníamos planeado en el Instituto de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle, antes que se decretara la pandemia mundial, era el lanzamiento del libro Lectores y lecturas de José Gimeno Sacristán, editado recientemente por Morata (España) y bajo la coordinación de Edisson Cuervo Montoya y William Moreno Gómez. Si bien, el lanzamiento deberá esperar, traemos a nuestros lectores la oportunidad de reconocer la importancia de esta compilación a partir de las palabras de Edisson Cuervo, profesor del Instituto de Educación y Pedagogía, quien amablemente nos concedió la presente entrevista.
¿Quién es Gimeno Sacristán?
Gimeno es un académico español de vieja data. La particularidad de Gimeno es que cuando él inicia su proceso, llamémosle académico-profesional, está recién muerto el dictador Franco, y nosotros sabemos cómo pasa España de la dictadura a la democracia. A Gimeno le toca todo un proceso de cambio, desde el punto de vista educativo. España pasa de una educación netamente franquista a otra completamente nueva. Gimeno introduce, junto con Ángel Pérez Gómez, los estudios sobre curriculum en el país ibérico de aquel entonces. Eso tiene una influencia muy grande en todas las traducciones que se empezaron a tener, como los trabajos de Lawrence Stenhouse, Phillip Jackson, Michael Apple, bueno, de una serie de curricularistas del ámbito anglosajón. A manera de dato curioso, o de consideración importante, es que el curriculum es una tradición anglosajona, mientras que España y Europa continental estuvieron fundamentalmente bajo la tradición didáctico-germana y también francófona. Gimeno empieza a establecer un vínculo entre estos curricularistas y los investigadores iberoamericanos. Estamos hablando de principios de los años ochenta. Su texto, Pedagogía por objetivos, es de 1982. Entonces, en América Latina se empieza a leer la obra de Gimeno. Él es un profesor ya jubilado de la Universidad de Valencia, dedicado toda su vida a la investigación, y, además, con un asunto muy importante: su línea de trabajo desde las pedagogías críticas. Gimeno ha recibido varias distinciones, pero puedo referir la última que fue en 2017 por Clacso. En los cincuenta años de Clacso le entregan un reconocimiento como uno de los pedagogos de mayor influencia en educación crítica y pedagogía crítica en toda Iberoamérica. El reconocimiento se lo entrega Pablo Gentil; además le dice en la ceremonia: “sin temor a equivocarnos, usted es de los que más ha influenciado el pensamiento crítico en educación en América Latina”.
¿Por qué llega Gimeno a América Latina?
Hay un asunto muy interesante y que él lo comenta en varias de sus conversaciones. Ellos leían muchas de las traducciones que se hacían por vía de América Latina, porque Franco tenía bloqueado a España de la influencia extranjera. Claro, nosotros sabemos que en una dictadura es lo que diga el Estado frente a las otras posibilidades de resistencia. Cuando en España cae la dictadura por la muerte de Franco y se producen los cambios a favor de la democracia, en América Latina se da el proceso contrario, empiezan a emerger las dictaduras. A nosotros nos toca a empezar a leer las traducciones que estaban haciendo, fundamentalmente, en Barcelona y Madrid. Entonces, Gimeno fue quien estaba trabajando todos estos asuntos del ámbito anglosajón sobre lo curricular. Entonces, claro, ya se empieza a ver su influencia. José Gimeno Sacristán se está refiriendo sobre curriculum, desde una crítica a la perspectiva eficientista de la educación en el mundo. Gimeno está haciendo una crítica a pensar que el profesor es solo un reproductor, que solo está en el aula y recibe las órdenes de alguien, puede ser el ministerio, quién sea. Gimeno dice: el profesor hay que pensarlo en términos de lo que hace en el aula, el profesor es un sujeto reflexivo e investigador, no es un sujeto que meramente cumple un papel técnico, sino que es un sujeto que piensa, un sujeto que discute, un sujeto que produce intelectualmente e interviene de manera activa el mismo curriculum.
¿Cuáles son las ideas fuertes de Gimeno?
El curriculum no es un mero instrumento documento, porque tradicionalmente se entendió así. ¿Cuál documento?, el plan de estudios y ya. Y, además, que se pensaba (algunos aún lo piensan) lo diseña el ministerio, lo diseña el comité de curriculum, lo hace el jefe de Departamento. Para Gimeno, el currículo es más bien un proceso en el cual intervienen distintas personas, se toman sobre él distintas decisiones y el profesor es uno de los agentes más activos en ese proceso. Una idea general en Gimeno muy potente es el curriculum como proceso, como praxis, él lo llama la praxis educativa. El curriculum como praxis o como práctica. Lo que nosotros entendemos en teoría curricular como el enfoque procesal y crítico del curriculum. Una segunda idea, que se desprende de esa primera, es que el profesor no es un reproductor de prediseños curriculares, el profesor es un actor, es un sujeto que participa, es un sujeto que es crítico, es un sujeto que construye y modela su propio curriculum. Hay otra idea muy importante. Gimeno siempre se ha planteado lo siguiente: la educación es un proceso democrático, solidario, de construcción de humanidad. El currículo no es simplemente un ejercicio eficiente que responde a las demandas del FMI, de los grandes determinadores de curriculum en el mundo. Para Gimeno, más allá de todos esas disposiciones o lineamientos macro internaciones, incluso macro nacionales, considera que la educación no puede renunciar a: uno) su característica de formar seres humanos críticos y solidarios, para poder atender la sociedad, dos) una mirada muy importante sobre las clases menos favorecidas, y tres) una apuesta por el humanismo. Otro principio en Gimeno, es tener una postura siempre crítica frente a los grandes discursos de las multinacionales y de la política educativa. Para Gimeno, no podrá ser más importante lo que plantea el FMI que lo que piensa el profesor en su entorno, en la escuela, y ya, para nuestro caso, la Universidad. Él tiene una cosa fenomenal en un texto que se titula El alumno como invención. En él sostiene que el niño es un ser humano que está ahí, pero en determinado momento nosotros como sociedad, como padres de familia o como familia, lo llevamos y lo institucionalizamos y construimos sobre él la idea de alumno. El infante es alguien que pertenece a la sociedad, pero cuando entra a la institución educativa se convierte en alumno. Eso tiene distintas categorías de cómo debe comportarse, de qué debe hacer, cómo tiene que vestirse. Entonces es casi un dispositivo que se cierne sobre el sujeto y lo construye.
¿Cómo surge la idea del libro?
En distintas conversaciones que tuvimos con el mismo Gimeno, con William Moreno, con Jaume Martínez Bonafé, bueno y reflexiones personales y conjuntas que se hicieron, llegamos a la idea de hacerle un homenaje a profesor Gimeno Sacristán, pues son más de cuarenta años de labor académica. Entonces, en su momento, se pensó, por qué no proponerle la idea del libro a los tesistas de él, que son más de 20. Yo terminé siendo el último asesorado por él, el más joven (risas). Muchos de ellos son ya jubilados o están muy próximos a la jubilación. Entonces yo les escribí a todos, me conseguí las bases de datos, con William consultamos varias personas, quienes habían sido asesorados por Gimeno, y mandamos la invitación en general. Me contestaron doce. Algunos se excusaron. Algunos estaban con mucho trabajo o estaban en otras líneas de investigación. La idea central del libro es cómo influenció el pensamiento de Gimeno Sacristán las investigaciones de cada uno de sus tesistas. Gimeno no escribe en el libro, o no escribe de manera directa, sino que escribe a través de nosotros. Está latente como el maestro que forma, el profesor que forma a sus investigadores o a sus tesistas. En los capítulos se recogen muchos tópicos. Hay algunos que hablan, por ejemplo, de filosofía de la educación, otros sobre educación superior. Otro hará la pregunta ¿qué ha pasado con el curriculum? Son doce autores, once capítulos. Al final recogimos otros tres anexos, pero corresponden a un curricularista muy importante norteamericano, neomarxista, que se llama Michael Apple, de la Universidad de Madison. Es un texto que volvemos a publicar, él ya lo había publicado para una revista donde analiza la obra de Gimeno Sacristán. Otro texto es de Carmen Rodríguez. Allí exalta la obra de Gimeno en el marco de la entrega de un doctorado honoris causa. Otro texto es del profesor Ángel Pérez Gómez. Estos dos últimos, son textos que no estaban publicados formalmente y quedaron aquí incluidos. Además, contamos con el honor y el gusto de tener como prologuista al profesor Jurjo Torres Santomé, un teórico crítico de la Universidad de la Coruña, muy importante en educación. Jurjo Torres Santomé es un analista de cómo las políticas internacionales en materia de educación están influenciadas por intereses neo-liberales y neo conservaduristas, en los cuales el direccionamiento es a favorecer o a construir identidades neoliberales completamente individualistas y no para pensar un bien común. La idea era darle una sorpresa a Gimeno. Él se vino a enterar pasados unos meses de la propuesta. Alguien me dio un correo electrónico del editor. Yo le escribí y le dije que Gimeno no sabía nada de esto, pero tenemos esta propuesta de parte sus tesistas. Él me contesta como a los 15 o 20 días. También le escribimos a Gedisa y a otras editoriales allá, pero entonces él nos contestó muy interesado en la propuesta, además porque Gimeno ha publicado con Morata en varias ocasiones. Le metimos mucho trabajo, entonces el editor y dueño, Paulo Cosín, nos aprueba. Fue un trabajo muy intenso. Es en la Universidad del Valle donde el proyecto se gesta propiamente y se desarrolla. Estamos hablando de cuatro países, doce autores, más de ocho grupos de investigación, logramos estar de acuerdo y configurar este texto que recientemente ve la luz.
¿Quién es Gimeno Sacristán?
Gimeno es un académico español de vieja data. La particularidad de Gimeno es que cuando él inicia su proceso, llamémosle académico-profesional, está recién muerto el dictador Franco, y nosotros sabemos cómo pasa España de la dictadura a la democracia. A Gimeno le toca todo un proceso de cambio, desde el punto de vista educativo. España pasa de una educación netamente franquista a otra completamente nueva. Gimeno introduce, junto con Ángel Pérez Gómez, los estudios sobre curriculum en el país ibérico de aquel entonces. Eso tiene una influencia muy grande en todas las traducciones que se empezaron a tener, como los trabajos de Lawrence Stenhouse, Phillip Jackson, Michael Apple, bueno, de una serie de curricularistas del ámbito anglosajón. A manera de dato curioso, o de consideración importante, es que el curriculum es una tradición anglosajona, mientras que España y Europa continental estuvieron fundamentalmente bajo la tradición didáctico-germana y también francófona. Gimeno empieza a establecer un vínculo entre estos curricularistas y los investigadores iberoamericanos. Estamos hablando de principios de los años ochenta. Su texto, Pedagogía por objetivos, es de 1982. Entonces, en América Latina se empieza a leer la obra de Gimeno. Él es un profesor ya jubilado de la Universidad de Valencia, dedicado toda su vida a la investigación, y, además, con un asunto muy importante: su línea de trabajo desde las pedagogías críticas. Gimeno ha recibido varias distinciones, pero puedo referir la última que fue en 2017 por Clacso. En los cincuenta años de Clacso le entregan un reconocimiento como uno de los pedagogos de mayor influencia en educación crítica y pedagogía crítica en toda Iberoamérica. El reconocimiento se lo entrega Pablo Gentil; además le dice en la ceremonia: “sin temor a equivocarnos, usted es de los que más ha influenciado el pensamiento crítico en educación en América Latina”.
¿Por qué llega Gimeno a América Latina?
Hay un asunto muy interesante y que él lo comenta en varias de sus conversaciones. Ellos leían muchas de las traducciones que se hacían por vía de América Latina, porque Franco tenía bloqueado a España de la influencia extranjera. Claro, nosotros sabemos que en una dictadura es lo que diga el Estado frente a las otras posibilidades de resistencia. Cuando en España cae la dictadura por la muerte de Franco y se producen los cambios a favor de la democracia, en América Latina se da el proceso contrario, empiezan a emerger las dictaduras. A nosotros nos toca a empezar a leer las traducciones que estaban haciendo, fundamentalmente, en Barcelona y Madrid. Entonces, Gimeno fue quien estaba trabajando todos estos asuntos del ámbito anglosajón sobre lo curricular. Entonces, claro, ya se empieza a ver su influencia. José Gimeno Sacristán se está refiriendo sobre curriculum, desde una crítica a la perspectiva eficientista de la educación en el mundo. Gimeno está haciendo una crítica a pensar que el profesor es solo un reproductor, que solo está en el aula y recibe las órdenes de alguien, puede ser el ministerio, quién sea. Gimeno dice: el profesor hay que pensarlo en términos de lo que hace en el aula, el profesor es un sujeto reflexivo e investigador, no es un sujeto que meramente cumple un papel técnico, sino que es un sujeto que piensa, un sujeto que discute, un sujeto que produce intelectualmente e interviene de manera activa el mismo curriculum.
El curriculum no es un mero instrumento documento, porque tradicionalmente se entendió así. ¿Cuál documento?, el plan de estudios y ya. Y, además, que se pensaba (algunos aún lo piensan) lo diseña el ministerio, lo diseña el comité de curriculum, lo hace el jefe de Departamento. Para Gimeno, el currículo es más bien un proceso en el cual intervienen distintas personas, se toman sobre él distintas decisiones y el profesor es uno de los agentes más activos en ese proceso. Una idea general en Gimeno muy potente es el curriculum como proceso, como praxis, él lo llama la praxis educativa. El curriculum como praxis o como práctica. Lo que nosotros entendemos en teoría curricular como el enfoque procesal y crítico del curriculum. Una segunda idea, que se desprende de esa primera, es que el profesor no es un reproductor de prediseños curriculares, el profesor es un actor, es un sujeto que participa, es un sujeto que es crítico, es un sujeto que construye y modela su propio curriculum. Hay otra idea muy importante. Gimeno siempre se ha planteado lo siguiente: la educación es un proceso democrático, solidario, de construcción de humanidad. El currículo no es simplemente un ejercicio eficiente que responde a las demandas del FMI, de los grandes determinadores de curriculum en el mundo. Para Gimeno, más allá de todos esas disposiciones o lineamientos macro internaciones, incluso macro nacionales, considera que la educación no puede renunciar a: uno) su característica de formar seres humanos críticos y solidarios, para poder atender la sociedad, dos) una mirada muy importante sobre las clases menos favorecidas, y tres) una apuesta por el humanismo. Otro principio en Gimeno, es tener una postura siempre crítica frente a los grandes discursos de las multinacionales y de la política educativa. Para Gimeno, no podrá ser más importante lo que plantea el FMI que lo que piensa el profesor en su entorno, en la escuela, y ya, para nuestro caso, la Universidad. Él tiene una cosa fenomenal en un texto que se titula El alumno como invención. En él sostiene que el niño es un ser humano que está ahí, pero en determinado momento nosotros como sociedad, como padres de familia o como familia, lo llevamos y lo institucionalizamos y construimos sobre él la idea de alumno. El infante es alguien que pertenece a la sociedad, pero cuando entra a la institución educativa se convierte en alumno. Eso tiene distintas categorías de cómo debe comportarse, de qué debe hacer, cómo tiene que vestirse. Entonces es casi un dispositivo que se cierne sobre el sujeto y lo construye.
¿Cómo surge la idea del libro?
En distintas conversaciones que tuvimos con el mismo Gimeno, con William Moreno, con Jaume Martínez Bonafé, bueno y reflexiones personales y conjuntas que se hicieron, llegamos a la idea de hacerle un homenaje a profesor Gimeno Sacristán, pues son más de cuarenta años de labor académica. Entonces, en su momento, se pensó, por qué no proponerle la idea del libro a los tesistas de él, que son más de 20. Yo terminé siendo el último asesorado por él, el más joven (risas). Muchos de ellos son ya jubilados o están muy próximos a la jubilación. Entonces yo les escribí a todos, me conseguí las bases de datos, con William consultamos varias personas, quienes habían sido asesorados por Gimeno, y mandamos la invitación en general. Me contestaron doce. Algunos se excusaron. Algunos estaban con mucho trabajo o estaban en otras líneas de investigación. La idea central del libro es cómo influenció el pensamiento de Gimeno Sacristán las investigaciones de cada uno de sus tesistas. Gimeno no escribe en el libro, o no escribe de manera directa, sino que escribe a través de nosotros. Está latente como el maestro que forma, el profesor que forma a sus investigadores o a sus tesistas. En los capítulos se recogen muchos tópicos. Hay algunos que hablan, por ejemplo, de filosofía de la educación, otros sobre educación superior. Otro hará la pregunta ¿qué ha pasado con el curriculum? Son doce autores, once capítulos. Al final recogimos otros tres anexos, pero corresponden a un curricularista muy importante norteamericano, neomarxista, que se llama Michael Apple, de la Universidad de Madison. Es un texto que volvemos a publicar, él ya lo había publicado para una revista donde analiza la obra de Gimeno Sacristán. Otro texto es de Carmen Rodríguez. Allí exalta la obra de Gimeno en el marco de la entrega de un doctorado honoris causa. Otro texto es del profesor Ángel Pérez Gómez. Estos dos últimos, son textos que no estaban publicados formalmente y quedaron aquí incluidos. Además, contamos con el honor y el gusto de tener como prologuista al profesor Jurjo Torres Santomé, un teórico crítico de la Universidad de la Coruña, muy importante en educación. Jurjo Torres Santomé es un analista de cómo las políticas internacionales en materia de educación están influenciadas por intereses neo-liberales y neo conservaduristas, en los cuales el direccionamiento es a favorecer o a construir identidades neoliberales completamente individualistas y no para pensar un bien común. La idea era darle una sorpresa a Gimeno. Él se vino a enterar pasados unos meses de la propuesta. Alguien me dio un correo electrónico del editor. Yo le escribí y le dije que Gimeno no sabía nada de esto, pero tenemos esta propuesta de parte sus tesistas. Él me contesta como a los 15 o 20 días. También le escribimos a Gedisa y a otras editoriales allá, pero entonces él nos contestó muy interesado en la propuesta, además porque Gimeno ha publicado con Morata en varias ocasiones. Le metimos mucho trabajo, entonces el editor y dueño, Paulo Cosín, nos aprueba. Fue un trabajo muy intenso. Es en la Universidad del Valle donde el proyecto se gesta propiamente y se desarrolla. Estamos hablando de cuatro países, doce autores, más de ocho grupos de investigación, logramos estar de acuerdo y configurar este texto que recientemente ve la luz.



